El espíritu
de dejar circular la información libremente es una de las razones que ha
permitido el crecimiento espectacular de Internet. Si en sus comienzos los
científicos que desarrollaron el soporte técnico de Internet, como el protocolo
TCP/IP, no lo hubiesen puesto a disposición de la industria, hoy Internet no
sería lo que es.
Hoy por hoy cualquiera
puede colocar en Internet información sin censura previa (excepto en
algunos países como Irán o China), esto permite expresar libremente opiniones,
y decidir libremente qué uso damos a Internet. Es algo importante que permite
que las personas se sientan más libres y tengan más capacidad de reacción
frente a los poderes establecidos. Pero también facilita el uso negativo de la
red, por ejemplo mediante la propagación de material ilegal.
Podemos
decir que ocultar la identidad, tanto para leer como para escribir,
es bastante sencillo en Internet. Esta característica está directamente
relacionada con el punto anterior, ya el anonimato puede facilitar el uso libre
de la red con todo lo que esto conlleva. Entendido de forma positiva, el
anonimato facilita la intimidad y la expresión de opiniones. Aunque también
facilita la comisión de delitos.
A pesar de
ello cada vez más las personas prefieren identificarse para navegar, utilizando
las identidades que van dando de alta en las distintas empresas que ofertan
servicios. Esto es así porque cada vez más, acceder a través de una cuenta
registrada permite interactuar más cómodamente con las páginas y los servicios
que se ofrecen, así como personalizar la forma de trabajar. Por lo tanto
los usuarios tienden a crear comentarios o valoraciones bajo su identidad real
en busca de reconocimiento en la comunidad virtual y fuera de ella.
¿Quién
decide cómo funciona Internet? Algo que tiene tanto poder como Internet y que
maneja tanto dinero no tiene un dueño personal. No hay ninguna persona o país
que mande en Internet. En este sentido podemos decir que Internet se
autorregula o autogestiona. La mayoría de las reglas que permiten
que Internet funcione han salido de la propia Internet.
Existen unos
comités internos que se encargan de regular Internet, como W3C, Internet
Society, ICANN. Por ejemplo, se encargan de dictar
las normas de los nombres de dominios, definir y aprobar los protocolos de
comunicaciones, etc.
El ICANN
tiene la misión de organizar el sistema de nombres de dominios, asignar
direcciones IP y gestionar los servidores raíz. Este sistema es básico para el
funcionamiento de Internet y la comunidad internacional ha pedido que pase a
ser gestionado por un organismo internacional. Tras largas deliberaciones este
sistema será liberalizado y dejará de depender directamente de EE.UU.
Hasta ahora
las razones que han llevado a tomar las diferentes decisiones han sido
fundamentalmente técnicas. Eso puede explicar por qué las cosas han funcionado
razonablemente bien, puesto que el crecimiento y la mejora de Internet son
innegables.
A partir de
ahora, debido a los problemas de seguridad y para facilitar el comercio
electrónico las autoridades de diversos países han comenzado a regular Internet
mediante leyes nacionales.
En España,
en el año 2002 se aprobó la LSSI (Ley de Servicios de la Sociedad
de la Información y Comercio Electrónico) que regula diversos aspectos del
funcionamiento de Internet como la obligación de inscribir los nombres de
dominio (.es, .com, ...) en el Registro Mercantil, obligación de publicar los
datos de las personas o empresas que prestan servicios en Internet, normas
sobre la publicidad, correo electrónico y contratación electrónica, etc.
Esta
regulación de Internet ha sido acogida de diferente forma por diversos
colectivos. Los empresarios con negocios en la red creen que favorecerá el
desarrollo del comercio en Internet y hará más seguro el uso de la red de
redes. Algunos colectivos piensan que es un recorte de la libertad de la red y
se han manifestado en contra de la LSSI.
También en
España se impulsan leyes restrictivas, como las medidas recogidas en Ley de Economía Sostenible,
cuyo objetivo es impidir a los usuarios compartir material protegido por los
derechos de autor, como música, series o películas. Leyes como estas ya están
vigentes en otros países como Francia, en los que ya es posible cortar el
acceso a internet a los usuarios que realizan descargas de material protegido.
El hecho de
que entre todos construyamos Internet sin una supervisión estricta del modo en
que lo hacemos permite que la red esté plagada de enlaces que no llevan a ninguna
parte, páginas que dan errores, formularios que fallan, vídeos que nunca se
cargan, textos descuadrados y faltas de ortografía que claman al cielo. Podemos
navegar por Internet y naufragar constantemente.
Todo esto
puede dar la impresión de ser un pequeño caos ya que nadie asegura que
todo funciona bien. Aunque esto también sucede en otros aspectos de la
vida. Hay veces que sales del cine pensando que te han tomado el pelo, hay
libros que son muy malos, productos que no hacen lo que dice la etiqueta, etc.
Con el
tiempo son los propios usuarios los que alertan de los malos funcionamientos o
dejan que las páginas que no son lo suficientemente competentes queden en el
olvido. Lo imporante es que sepas reaccionar frente a este tipo de errores para
seguir navegando con normalidad.
Otro punto a
tener en cuenta es que cada página getiona sus contenidos de forma autónoma. Al
no existir ningún control sobre la informacion que se vuelca en la red, es
posible que dicha información sea falsa. Por lo tanto, a la hora de navegar hay
que tener criterio y aprender a discernir cuáles son fuentes fiables o hasta
qué punto podemos confiar. Así, evitaremos ser víctimas de estafas o propagar
rumores infundados.
En Internet
existen los suficientes mecanismos de seguridad como para que sea posible
navegar sin riesgos. Todo es cuestión de actuar con conciencia y lógica, así
como de conocer dichos mecanismos.
Cuando
establecemos comunicaciones triviales en un chat o por correo electrónico cabe
la posibilidad de que dichas comunicaciones sean escuchadas por un tercero.
Esto, sin embargo, requiere de demasiado esfuerzo y conocimientos técnicos, por
lo tanto no suele ocurrir. Esto no debe asustarnos, al igual que no nos asusta
que nos pinchen el teléfono (algo que también es posible). Como usuarios
debemos preocuparnos de utilizar contraseñas de acceso que resulten lo
suficientemente difíciles de adivinar, ya que la mayoría de intrusiones y
vulnerabilidades que se sufren no son debidas a que un experto hacker esté
detrás, sino simplemente a la ingeniería social. Si tu contraseña es fácil de
adivinar, será insegura, y por lo tanto será fácil que accedan a tus servicios
bajo tu identidad.
Sin embargo,
para gestiones que son más sensibles y que contienen ciertos datos que conviene
cuidar tenemos herramientas como los certificados digitales o las firmas
electrónicas, que nos permiten identificarnos de forma segura en portales
bancarios o de la administración, e incluso enviar y recibir correos
electrónicos en los que se asegura la autoría. Los certificados
digitales son expedidos por autoridades certificadoras (VeriSign, FNMT)
que garantizan la identidad de la empresa o persona que lo posee. Mediante el
uso de claves públicas y privadas se puede asegurar que el documento que se
transmite llega a su destino sin ser alterado, así como la identidad de quien
lo envía. Es necesario para poder realizar algunas gestiones por Internet, por
ejemplo la declaración de la renta.
Hoy en día
es más seguro comprar en internet que en una tienda convencional a pie de
calle. Las tiendas virtuales enlazan directamente con el banco al que pertenece
la tarjeta bancaria con la que se pretende pagar. Es decir, los datos más
vulnerables los ofrecemos al banco, no a la propia tienda. Y por supuesto que
dichos bancos se cuidan de utilizar protocolos de seguridad en sus páginas que
impiden que personas malintencionadas escuchen la emisión y recepción de datos
reveladores que comprometan tu capital.
Todo esto no
quiere decir que debamos descuidar nuestra seguridad. Al igual que en
la vida real, debemos actuar con cautela. Para evitar que algún contenido
de Internet pueda afectar a nuestro ordenador (por ejemplo, con virus) debemos tener
instalado un antivirus y descargar el material, siempre que sea
posible, desde páginas de confianza. Otras recomendaciones podrían ser no abrir
correos electrónicos de desconocidos o informarse de la fiabilidad de una
tienda online antes de comprar en ella. Si una tienda o agencia no es de fiar
no tardará en ser denunciada por otros usuarios, de modo que si buscas
información sobre ella será evidente la forma en que trabajan.
En
definitiva, al igual que en el primer día de trabajo o de clase todo es nuevo y
estamos alerta, cuando empezamos a navegar necesitaremos dedicar algo más de
tiempo a discernir lugares seguros de páginas que no podrían serlo. Con el
tiempo y la experiencia iremos desterrando ese pánico irracional frente a
Internet y será suficiente con utilizar una pequeña dosis de sentido común y de
prudencia.
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